viernes, 25 de junio de 2010

Lo difícil de encontrar un apodo y no morir en el intento.

Cuando me di cuenta la cantidad de "Sebastianes " que hay dando vuelta por el mundo empecé a analizar seriamente la posibilidad de conseguirme un apodo que me individualizara.
Ahí empezó la catástrofe... como no soy ni muy alto ni muy bajo, ni muy gordo ni muy flaco, ni muy narigón, ni muy orejón, ni muy muy, y tampoco tan tan, pensé en apodrame "normal"... Pero cuando me presentaba diciendo "soy seba, pero me dicen normal" la gente se quedaba mirándome de una manera muy extraña… así que decidí buscar otra fórmula.
En el secundario tocaba la batería en una banda de rock.. y en mi afán por conseguir un apodo pedí que me dijeran "Batero". Ahí el problema; con la clásica malicia adolescente de “Batero” a “Pajero” se pasó casi en segundos arruinándome por años. El que las personas que yo llamaba “grupo de amigos” me dijera así al punto tal de olvidarse mi verdadero nombre; hizo que las únicas chicas capaces de corresponder mi amor adolescente fueran señoritas con problemas auditivos serios o desordenes mentales graves; o la combinación de ambas en la mayoría de los casos.
Cuando pude deshacerme finalmente del apodo busqué copiar a un gran ídolo, Quino, y combinar las letras del nombre y el apellido... Se-bastián Espi-no. El resultado tampoco fue bueno… las personas a las que les comenté la idea me miraban extrañadas mientras me explicaban las diferentes razones por las que no me querían combinar primera y última sílaba para decirme “seno” o “teta” como variante probable… Y se indignaban ante la posibilidad de unir la última sílaba del nombre con la última del apellido para darme como apodo Ano, simplemente porque quedaba como el… porque no era como Quino.
En algún momento pensé haber encontrado mi apodo cuando por la calle me gritaban Cornudo y quien era mi novia en ese entonces, cuando se lo comenté por escrito (era una de las sordas antes mencionadas y hablarle era bastante inútil) me explicó que seguramente hacían referencia a uno de mis tatuajes donde se ve una calavera de prominentes cuernos. Tiempo después descubrí que los viernes y sábados a la noche no iba a jugar canasta con sus amigas, y que el micro-short y el strapless no eran un uniforme obligatorio.
Hoy ya me dí por vencido en la búsqueda de un apodo que me contenga, creo que llega solo, como las novias con auriculares potentes, los amigos que no hablan de mis hábitos masturbatorios o las fórmulas que combinan sílabas dando por resultado partes del cuerpo….